
Es curioso como ciertas personas puede llegar a influir en nosotros. Cuesta decir adiós a las grandes personas, y son pocos los que consiguen que se les pueda considerar como tales. Me siento tremendamente orgulloso de poder decir que yo conocía a alguien así y que ha marcado mi pasado y será culpable de gran parte de cosas que ocurran en mi futuro, aunque él nunca se vaya a enterar.
Gracias a todos por vuestro apoyo y vuestro ánimo, de verdad. Es increíble ver como tus amigos hacen el esfuerzo de acudir todos en masa, a apoyarte en uno de los días más tristes de tu vida. El veros a todos alli dándonos vuestro apoyo y comprensión fue, de verdad, una sopresa que jamás olvidaremos. Son pequeños gestos los que hacen grandes a las personas, y éste es uno de ellos. No os esperaba a ninguno de vosotros allí y al veros sentí una mezcla de felicidad y tristeza.
Serán los buenos momentos los que permanecerán por siempre en mi memoria y ésos recuerdos, los buenos, nadie los podrá borrar jamás. Siempre fuiste un referente, un modelo de forma de vida, de sacrificio... y te has ido.
Detrás has dejado toda una familia a la que nos invade el llanto, el dolor y la nostalgia. Una familia que encontrará en ella misma el consuelo a tu pérdida.
Hecharemos de menos tus comentarios, tus risas, tus anécdotas, tus bromas... los pequeños detalles que, como he dicho antes, son los que hacen grandes a las personas.
De tí heredé algo más que el color de mis ojos verdes (algo que tanto preguntáis), mi nombre y un apellido. De tí heredé la convicción de que las cosas sólo pueden mejorar y de que la felicidad existe.
Ahora, con tu muerte, tu voz se ha apagado; pero tu recuerdo sigue vivo en la memoria de cada uno de los que te hemos conocido y sabemos lo grande que eras.
Han sido dieciocho años aprendiendo contigo y de tí, siguiendo tus pasos y queriendo ser, algún día, como tú.
Estas líneas son sólo un homenaje. Jamás podré acabar de agradacerte todo lo que hiciste por mí. Nunca.
Hasta pronto. Te quiero.